martes, 10 de enero de 2017

Una Cuba sin Fidel

UNA VENTANA DE OPINIÓN
Cuba sin Fidel
Marco A. Escalante Nuño
El sábado pasado amanecimos con la noticia del fallecimiento de Fidel Castro, figura presente en la historia mundial desde los años sesentas del siglo pasado. La muerte fue a su encuentro en el día y la hora que Dios le tenía destinado que ocurriera, ni antes, ni después. A continuación les comparto algunos aspectos de su vida que la Deutsche Welle muestra en su página de internet.
Las promesas incumplidas de Fidel Castro
Aunque sea recordado a partir de ahora en ese listado controvertido que incluye a Lenin, "Che" Guevara, Mao o Stalin, Fidel muere y deja pendientes muchas promesas que hiciera a los cubanos, opina Amir Valle.
Ya no importa que haya sido amado por millones de personas que lo veían como el último adalid de la lucha por un mundo mejor. No importa que otros muchos millones lo hayan odiado por su demagogia, su camaleonismo político y su poder absoluto sobre una isla que consideró su finca privada. Importa que ha muerto, y que el pueblo cubano, a quien Fidel prometió un futuro luminoso, sigue sin ver cumplidas ninguna de las promesas de su líder, un hombre al que se llegó a considerar el Mesías de los cubanos y de los pobres del mundo.
Algunos sitios de sus idólatras ya hablan de su eternidad histórica. Aseguran que, además de sus ideas, que haya sobrevivido a más de 600 intentos de atentados es la prueba de que no era tan ingenua esa idea de su inmortalidad física en la que muchos acólitos insistían, insuflando propagandísticamente el mito del "último revolucionario del siglo XX". Olvidan que, según las propias encuestas de instituciones del gobierno, la mayoría de la población hace mucho tiempo dejó de mirar hacia él con esperanza y sólo lo veían como un anciano que, de cuando en cuando, aparecía en la prensa intentando colocar en el centro de atención popular una nueva campaña: la salvación del planeta. Hablaba del calentamiento global, el deshielo de los glaciares o las posibilidades alimenticias de una planta llamada moringa, incapaz de entender que para el pueblo la única preocupación climática real son los terribles huracanes que asolan al país, que han lanzado a miles de cubanos a vivir hacinados en albergues o en viviendas depauperadas, sin condiciones de habitabilidad, asolados por epidemias debido a las pésimas condiciones de salubridad.
Fidel y el miedo a la profanación
En otros espacios de internet, la decisión de Fidel de que su cuerpo sea incinerado se analiza como un rasgo de su modestia. Muchos cubanos, sin embargo, recordarán que hace unos años, cuando en un acto público Fidel cayó y sufrió algunas fracturas, comenzó a circular en La Habana una curiosa anécdota: su médico de cabecera durante muchas décadas, Eugenio Selman-Husein les había hecho saber a unos amigos el horror de Fidel ante la posibilidad de ser embalsamado, que cayera la Revolución y sus enemigos se dieran gusto profanando su cuerpo. Por eso decidió ser incinerado. Eliminaba así el deseo de la mayoría de sus fieles seguidores de que, como Lenin en el Kremlin, la momia del Comandante pudiera ser contemplada eternamente en el Mausoleo a José Martí en la Plaza de la Revolución.
Fidel deja una Cuba "peor”
La Cuba que Fidel Castro deja no se diferencia mucho de aquella Cuba que abandonó el dictador Fulgencio Batista en su huída, en diciembre de 1958. Los cubanos siguen esperando ese país más próspero, esa nación más digna, esa igualdad real entre todos los cubanos, esa independencia absoluta en todos los ámbitos de la vida nacional, que prometió, entre otras cosas, en el más histórico de sus primeros discursos, "La historia me absolverá", pronunciado en su alegato de autodefensa en el juicio en 1953 por el intento de sacar a Batista del poder con el asalto al Cuartel Moncada.

marcoantonio_escalante@hotmail.com

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