miércoles, 23 de agosto de 2017

La Filosofía de la Vida

La Filosofía de la Vida
La vida es la mejor maestra que puede tener un ser humano. Nos enseña a aprobar lo bueno y a rechazar lo malo. Nos lleva a tomar los buenos caminos y a evitar los que nos han traído dolor. Nos recuerda que lo que se siembra es lo que se cosecha. Es la veleta del destino que caprichosamente mueve el viento de la incertidumbre.
Los años nos pintan el cabello de color plateado y dibujan grandes surcos en nuestra frente. Nos recuerdan los triunfos logrados y hacen olvidar las derrotas.
La vida es la rueda de la fortuna que hoy nos mantiene en la cima y que al día siguiente nos azota hasta besar el suelo. Es el giro de la ruleta que nos envuelve en los máximos placeres un día y que nos aprieta el cuello al otro. Es la magia que nos envuelve con increíbles imágenes y sonidos, y que al otro día nos nubla la visión y cierra nuestros oídos. Es el dado del cubilete que nos llena de alegría una vez y que nos inunda de pesar en el siguiente tiro. Es la vuelta de la tuerca que nos estrangula o la llave que afloja la presión. Es la inocente sonrisa del bebé o el gesto adusto del anciano. Es la brisa fresca de la mañana que golpea nuestro rostro o el bochorno que nos asedia por la tarde. Es la grandeza de los sueños o el ocaso de la realidad.
La escuela de la vida nos ayuda a aconsejar a los jóvenes para evitarles problemas o a ver las consecuencias de su desobediencia. Es la conciencia tranquila o la intranquilidad de los actos indebidos. Es la caminata en la playa al atardecer o el fulgor resplandeciente de las estrellas. Es la cruda noticia de la mañana o la dulce sorpresa de la tarde. Es la plática nocturna sobre el empedrado o el susurro apacible del viento.
En el transcurso de la vida aprendemos a admirar la belleza escondida en el cuadro del artista y a reconocer nuestras fallas. Conocemos los detalles del mensaje oculto e ignoramos las intrigas. Recorremos las calles acompañados de nuestra mascota favorita y sentimos el malhumor del vecino gruñón. Hurgamos en el cajón de los recuerdos y olvidamos las anécdotas de la niñez. Repasamos poemas y deletreamos canciones de la juventud.
En la vida reñimos con nuestro pasado de equivocaciones juveniles y nos afianzamos en la proeza de nuestra madurez. Nos reímos de las travesuras del ayer y nos ruborizamos de nuestros errores. Nos consentimos con un vaso de vino tinto en la tarde y nos deleitamos con un buen café por la mañana. Nos gozamos de las buenas lecturas y nos dolemos en las adversidades.
La vida es el efímero momento que nos deleita y es el golpe inesperado de la aflicción. Es la ola que golpea con fuerza la roca de nuestra fortaleza o la nube que pinta de colores el atardecer. Es el laberinto de las dudas o la vereda de las respuestas. Es el ave de los sueños que levanta el vuelo o la pesadez de las adversidades. Es el sol brillante que alumbra nuestra mañana o la luna llena que ilumina todos los rincones del alma. Es la inocencia de los niños o la maldad de los adultos. Es la montaña de consejos del viejo o la ingenuidad del pequeñito.
La vida es la luz, es la oscuridad; es el día, es la noche; es el triunfo, es la derrota; es la entrada, es la salida; es el festejo, es la tragedia; es la alegría, es la tristeza; es la letra, es la palabra; es el murmullo, es el grito; es la honestidad, es la corrupción; es el candado, es la llave; es la sabiduría, es la ignorancia; es la pregunta, es la respuesta; es la espiga, es la cizaña; es la enfermedad, es la medicina; es la siembra, es la cosecha; es el nacimiento, es la muerte; es el principio, es el fin; es lo que existe y lo que no.

marcoantonio_escalante@hotmail.com

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