La Filosofía de
la Vida
La vida es la mejor maestra
que puede tener un ser humano. Nos enseña a aprobar lo bueno y a rechazar lo
malo. Nos lleva a tomar los buenos caminos y a evitar los que nos han traído dolor.
Nos recuerda que lo que se siembra es lo que se cosecha. Es la veleta del
destino que caprichosamente mueve el viento de la incertidumbre.
Los años nos pintan el cabello
de color plateado y dibujan grandes surcos en nuestra frente. Nos recuerdan los
triunfos logrados y hacen olvidar las derrotas.
La vida es la rueda de la
fortuna que hoy nos mantiene en la cima y que al día siguiente nos azota hasta
besar el suelo. Es el giro de la ruleta que nos envuelve en los máximos
placeres un día y que nos aprieta el cuello al otro. Es la magia que nos
envuelve con increíbles imágenes y sonidos, y que al otro día nos nubla la
visión y cierra nuestros oídos. Es el dado del cubilete que nos llena de
alegría una vez y que nos inunda de pesar en el siguiente tiro. Es la vuelta de
la tuerca que nos estrangula o la llave que afloja la presión. Es la inocente
sonrisa del bebé o el gesto adusto del anciano. Es la brisa fresca de la mañana
que golpea nuestro rostro o el bochorno que nos asedia por la tarde. Es la
grandeza de los sueños o el ocaso de la realidad.
La escuela de la vida nos
ayuda a aconsejar a los jóvenes para evitarles problemas o a ver las
consecuencias de su desobediencia. Es la conciencia tranquila o la
intranquilidad de los actos indebidos. Es la caminata en la playa al atardecer o
el fulgor resplandeciente de las estrellas. Es la cruda noticia de la mañana o
la dulce sorpresa de la tarde. Es la plática nocturna sobre el empedrado o el
susurro apacible del viento.
En el transcurso de la vida
aprendemos a admirar la belleza escondida en el cuadro del artista y a
reconocer nuestras fallas. Conocemos los detalles del mensaje oculto e
ignoramos las intrigas. Recorremos las calles acompañados de nuestra mascota
favorita y sentimos el malhumor del vecino gruñón. Hurgamos en el cajón de los
recuerdos y olvidamos las anécdotas de la niñez. Repasamos poemas y deletreamos
canciones de la juventud.
En la vida reñimos con
nuestro pasado de equivocaciones juveniles y nos afianzamos en la proeza de
nuestra madurez. Nos reímos de las travesuras del ayer y nos ruborizamos de
nuestros errores. Nos consentimos con un vaso de vino tinto en la tarde y nos
deleitamos con un buen café por la mañana. Nos gozamos de las buenas lecturas y
nos dolemos en las adversidades.
La vida es el efímero
momento que nos deleita y es el golpe inesperado de la aflicción. Es la ola que
golpea con fuerza la roca de nuestra fortaleza o la nube que pinta de colores
el atardecer. Es el laberinto de las dudas o la vereda de las respuestas. Es el
ave de los sueños que levanta el vuelo o la pesadez de las adversidades. Es el
sol brillante que alumbra nuestra mañana o la luna llena que ilumina todos los
rincones del alma. Es la inocencia de los niños o la maldad de los adultos. Es
la montaña de consejos del viejo o la ingenuidad del pequeñito.
La vida es la luz, es la
oscuridad; es el día, es la noche; es el triunfo, es la derrota; es la entrada,
es la salida; es el festejo, es la tragedia; es la alegría, es la tristeza; es
la letra, es la palabra; es el murmullo, es el grito; es la honestidad, es la
corrupción; es el candado, es la llave; es la sabiduría, es la ignorancia; es
la pregunta, es la respuesta; es la espiga, es la cizaña; es la enfermedad, es
la medicina; es la siembra, es la cosecha; es el nacimiento, es la muerte; es
el principio, es el fin; es lo que existe y lo que no.
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